La actualidad nos demuestra continuamente que sigue faltando mucho para entender bien que las medidas de protección son precisamente para eso, “proteger”. Cuesta mucho entender que todavía se hagan instalaciones de seguridad que no terminen de cumplir las mejores condiciones, que no se mantengan en perfecto estado, que el vandalismo se cebe también con estos equipamientos pensados para salvar vidas, ó que cuando se diseñan los edificios y la urbanización de nuestras ciudades, por encima de cuestiones meramente estéticas, no se tenga en cuenta la seguridad como un elemento imprescindible.
Todavía abundan los “puntos negros” para la seguridad contra incendios en muchas de nuestras ciudades. Desde los gobernantes a los cuerpos de bomberos, pasando por arquitectos y profesionales de la seguridad contra incendios en general, todos deberíamos ser conscientes de ello y trabajar codo con codo para depurar estas situaciones.
El pasado 5 de octubre la prensa recogía este titular: “Un incendio revela fallos de seguridad en el acceso a la remodelada plaza de López Allúe” de Huesca (fuente: Heraldo de Aragón). Ante la alarma de un posible incendio en un edificio de esa plaza oscense acudieron dotaciones de bomberos y Policía Local. Al llegar resultó que ninguno de los dos cuerpos disponía de los medios necesarios para bajar los bolardos, ó postes de hierro hidráulicos, ante el paso de los vehículos.
Al final se pudo bajar el primer poste utilizando el mecanismo que tienen los comerciantes de la zona para poder realizar las labores de carga y descarga.
Más tarde se dieron cuenta que no había espacio suficiente para la maniobra de los camiones cisterna, y los bomberos tuvieron que desplegar sus mangueras desde esa distancia hasta el edificio siniestrado.
No hizo falta la utilización de escaleras, ni se produjeron consecuencias personales, siendo mínimos los daños materiales. Pudo haber sido mucho peor si las características del incendio hubieran sido otras. Los vecinos y comerciantes mostraron su gran preocupación, ya que este problema podría repetirse en otras zonas, con consecuencias imprevisibles.
Esta deficiencia en las condiciones de acceso se da especialmente en los cascos antiguos ó en grandes complejos residenciales cerrados. El actual Código Técnico de la Edificación, que sustituyó a la Norma Básica de la Edificación CPI/96 (Condiciones de Protección contra Incendios) contempla muy claramente el asunto de los accesos, aunque sólo para las nuevas edificaciones.
De manera parecida estos problemas se dan también con las propias instalaciones de protección contra incendios de los edificios. En unos casos estas medidas están pensadas para que cualquier persona las pueda accionar y utilizar en caso de incendio, y en otros lo es para la utilización exclusiva de los bomberos.
¿Quién no ha visto muchas veces hundida la tapa de la toma de fachada de “Uso Exclusivo de Bomberos”, incluso con falta de sus componentes internos? ¿ó un pulsador de alarma roto en un centro comercial? ¿ó un extintor disparado ó desprecintado en un bar? (sí, esos extintores que además son utilizados de perchero). Muchas de estas situaciones permanecen en el tiempo, además, si no se cumple con el obligado mantenimiento reglamentario, que es cuando pueden detectarse daños y ”desapariciones”.
Todo esto tiene que funcionar perfectamente en caso de emergencia, y en una emergencia el tiempo es vital: si alguien va a utilizar un equipo y se da cuenta que está inservible, puede ya ser tarde para llegar a otro; si un bombero va a conectar una manguera y no puede….
Una vez más nos encontramos ante la falta de concienciación necesaria.A todos nos debería servir de seria reflexión, aunque sólo fuera por pensar en que alguna vez nos pueda salvar la vida ó la de alguien cercano.