Protección Respiratoria Filtrante: ¿una medida ergonómica ó de seguridad?
El polvo es uno de los contaminantes más frecuentes en el medio de trabajo.
Cuando nos encontramos en atmósferas en la que existe generación de polvo la primera reacción del trabajador es la incomodidad que este ambiente provoca. Esta respuesta es, por así decirlo, “ergonómica” y diferente dependiendo del individuo y la costumbre que éste tenga a la exposición sin protección.
Por otro lado existe otra razón, tal vez no tan evidente, más relacionada con la seguridad.
A todos nos ha pasado que ante una generación de polvo nuestro organismo responde a esta intrusión molesta con tos. Esta tos es un mecanismo de defensa que el cuerpo pone en funcionamiento para evitar que el polvo entre en los pulmones (unido a mecanismos de retención y expulsión).
Ahora bien. ¿Qué pasa cuando nuestro cuerpo no es capaz de eliminar este tipo de particulas de forma física?
La respuesta puede ser preocupante. Si estas partículas llegan al nivel alveolar (digamos que es la parte mas interna de los pulmones), éstas son capaces de producir alteraciones en el tejido pulmonar. ¿De que manera? Pueden ser capaces de inducir la formación de fibras de colágeno que se fusionan y se agrupan. Esto hace que se reduzca la capacidad pulmonar y se empeore la calidad de las fibras elásticas formando masas de tejido duro. También hay que señalar que existen partículas que, además de estos efectos, son capaces de ocasionar males mayores, como el cáncer (caso del asbesto, mas conocido como amianto). Todo esto puede acabar derivando en una enfermedad profesional irreversible.
Por todo lo expuesto, y en ausencia de medios de protección colectiva, como medida de seguridad, la mejor solución es recurrir al uso de Equipos de Protección Respiratoria. En este sentido, los equipos más habituales y básicos son las mascarillas autofiltrantes (FFP1, FFP2 ó FFP3 para polvos inorgánicos y FFP3 para polvos orgánicos).
Viernes, Noviembre 16th, 2007

